Hace un par de semanas anunciábamos que en diciembre de este año, ante el previsible escenario de segunda vuelta, aparecerían los pavos reales, mostrando todos sus encantos para seducir a los votantes que hubiesen “perdido” sus votos al pasar a la nueva instancia, dos candidatos que no fueran de sus preferencias. Nos equivocamos, los pavos reales adelantaron su temporada de apareamiento para intentar enamorar a los votantes en la primera vuelta presidencial.
A esto se han unido, en aparente homenaje, los continuos guiños a los seguidores de Michelle Bachelet, aquellos que le dan el 78% de aprobación, para posicionarse como los legítimos seguidores de las políticas e intenciones de la actual mandataria, particularmente de parte de Frei, Enríquez y, últimamente, Piñera.
Vamos por parte. El orden corresponde a aquél que ocuparán en la cédula de votación.
1.- JORGE ARRATE
Esta campaña tiene un camino propio: el de la izquierda allendista, socialista, sin tapujo alguno. Presenta a Arrate en ambientes cotidianos: su biblioteca con libros un poco desordenados como reflejo de lectura y/o consulta reciente que destaca el posicionamiento de hombre culto y estudioso. En la primera entrega apela al sentido común, luego a la solidaridad, al respeto al trabajo, a la defensa histórica de la izquierda de los pobres, los profesionales, los pequeños empresarios. En el último video revisado apela a los pequeños agricultores, desde su jardín.
Entre los testimonios de apoyo se encuentran los sectores duros como los familiares de detenidos desaparecidos, una ex adherente de la Concertación (Teresa Reyes), una ex nulo (Adela Secall), una NN motivada a inscribirse por los llamados de Enríquez, todo esto adornado por las adhesiones a su campaña de figuras del arte y el espectáculo como el Rumpy, Antonia Zegers, Blanca Lewin, Illapu, Amaro Labra y Alfredo Castro, todos de militancia en el ideario izquierdista y ampliamente reconocidos por los sectores jóvenes.
En resumen, Arrate se presenta como una persona común, estudiosa, seria, mesurada, y busca sintonía con los sectores más jóvenes, eventualmente más proclives a anular o votar en blanco, y con parte de la Concertación, aquella más reticente a seguir con el modelo de este conglomerado.
2.- MARCO ENRÍQUEZ-OMINAMI
Resulta curioso que el slogan “Sigue el cambio”, utilizado por la campaña de ME-O, sea un reconocimiento explícito de que el cambio ya comenzó, que lo inició la Concertación, y que, por tanto, su candidatura se presenta como una continuidad “mejorada” de los logros ya conseguidos por administraciones anteriores.
De hecho sus planteamientos parten por reconocer los avances en obras e infraestructura, y poner el énfasis en mejorar la democracia, en la cual ME-O observa carencias. Plantea asimismo, la necesidad de un concurso transversal, para buscar el éxito de su candidatura. Y por lo tanto, “tira de chincol a jote”.
Apelaciones a la gente de trabajo, a quienes agradece su labor, a las familias con problemas de separación o de alejamiento, de la que la propia Karen Doggenweiler declara ser un ejemplo, el llamado a proteger los derechos de la población discapacitada, apelaciones visuales al mundo homosexual, las críticas al sistema de salud, la inexistencia de democracia sexual, económica, ecológica ambiental, cultural y educacional, el discurso para sordos, y finalmente la propuesta de terminar con la discriminación, son muestras del amplio abanico que pretende conquistar Marco Enríquez.
En relación al esfuerzo por destacar lo transversal de la campaña, resulta evidente al catalogar de discriminados a “ricos y pobres, de derecha o de izquierda”. Es un claro llamado a quienquiera desee unirse a su candidatura.
Entretenidas, de eficiencia discutible son las “pruebas a que se somete el candidato para demostrar sus características: es de verdad, es sensible, Marco aprende, es flexible, atrae, escucha. Lo mismo sucede con la aprobación a su proyecto de Ricardo Lagos y Fernando González, tocayos de los famosos. Demasiado light para un candidato presidencial. Quizás un diputado pudiera darse ese lujo.
3.- SEBASTIÁN PIÑERA
En los cinco primeros capítulos de esta franja no se observa claridad en el tratamiento televisivo. Por una parte se muestra en varias ediciones, una larga secuencia del desarrollo de reuniones del grupo Tantauco. Puede que se pretenda demostrar la capacidad de trabajo en equipo de Sebastián Piñera, pero el entorno de la reunión - una preciosa oficina -, la tipología de personas y su aparente pertenencia a un determinado grupo social, no contribuye mucho a acercar la campaña de este candidato a las grandes masas, las dueñas de los votos que establecerán las diferencias.
Por otro lado, las reuniones del candidato con las integrantes de Mujer emprende - en que se destacan las principales dificultades que enfrenta este género -, con trabajadores y su conversación respecto a su propuesta de creación de un millón de nuevos y buenos empleos, con los campesinos y la última en un hogar típico de clase media, le dan el espacio y entorno adecuado para manifestar cuáles serán sus medidas de gobierno. Debe destacarse que en cada una de éstas, el propio candidato o Cecilia Morel, hacen un reconocimiento al avance logrado por la actual presidenta.
Sin duda lo más logrado, desde el punto de vista televisivo y su alta capacidad de manejar emociones, es el discurso final en que, con la garganta apretada le pide a Dios la templanza, el coraje que necesita para conducir el país. Siendo lo mejor conseguido, tiende a pecar de reiterativo, en tanto exhibe la misma pieza comunicacional durante los tres primeros días. Peligroso.
Su concepto de gobierno de unidad nacional, sin exclusiones, se encuentra reflejado en las marchas y concentraciones, como asimismo en la pieza de los cantantes de regiones, en que incluye tomas de mapuche y de pascuenses. Incluso en alguna de las franjas, reconoce en Neruda, a un héroe de la cultura chilena. Más tarde haría un reconocimiento similar al incluir a Bachelet en su campaña.
Quizás debiera repensar si es preciso insistir en mostrar imágenes tan lejanas como los grupos de profesionales del grupo Tantauco.
4.- EDUARDO FREI
Esta es gente que sabe de televisión. En una campaña obvia, con contenidos ya vistos, sorprende la factura técnica de sus piezas comunicacionales. En una estética que recuerda la histórica campaña del NO, aborda la importancia y los problemas de la clase media, reconoce (más bien, se ampara) los logros y avances de la administración Bachelet y promete corregir errores, terminar con la discriminación a la mujer y disminuir el machismo, mejorar la educación, castigar la violencia intrafamiliar. Todo previsible.
Las apelaciones emocionales cruzan el contenido de las cinco franjas revisadas: los problemas y superación de la escolar embarazada, los recuerdos del padre del candidato, Eduardo Frei Montalva, y su presunta muerte a manos de agentes del Estado durante la dictadura, la historia de la microempresaria florista.
Lo único “competitivo”, confrontacional, es la declaración anti-MEO, fundada en su falta de apoyo social, por la carencia de diputados, senadores, alcaldes, etc., que impedirían una buena gestión gubernamental.
Otro aspecto discutible es su eslogan “Vamos a vivir mejor”, ya que subyace que o no estamos viviendo bien o, en el mejor caso, que siempre es posible vivir mejor. Un poco confuso.
RESUMEN Y CONCLUSIONES
Desde el punto de vista de los contenidos, no se comunican nuevas propuestas con la excepción de algunos guiños a los votantes de otros candidatos. Nada muy distinto al planteamiento de los eslabones expuesto en otra entrega: los candidatos tienden a intentar seducir a quienes están más cercanos a la postura de cada candidato, pero se encuentran situados en algún competidor.
No obstante, hay un problema de credibilidad. Tanto Arrate como Frei realizan acciones tendientes a minar la campaña de Marco Enríquez por sus indefiniciones, que se encuentran también en su campaña. Pero tampoco convencen las posturas pro mundo del trabajo y apoyo a las minorías de parte de Piñera, menos aún las propuestas de mejoría de Eduardo Frei. Sólo recordar la propuesta de nacionalización del agua. La franja parlamentaria deja claro que es una propuesta del PS y el PPD, que Frei habría tenido la obligación de incluir en sus propuestas presidenciales.
En esa perspectiva resulta grato ver y escuchar a Jorge Arrate. Sin nada que perder y mucho por ganar, construye un discurso televisivo en que nada opaca su visión socialista, allendista, de hombre de letras, coherente. Sólido.
Si se tratara de votar por las franjas, voto por Arrate.
martes, 24 de noviembre de 2009
jueves, 12 de noviembre de 2009
NADA NUEVO BAJO EL SOL
El debate de los candidatos presidenciales realizado el reciente lunes, en el marco del ciclo de programas “Chile debate”, organizado y transmitido por Canal 13, calificado de “exitoso” por la estación televisiva, se constituyó en el primer programa político transmitido en Alta Definición. Quizás eso sea lo más novedoso del evento.
Aparte por cierto del formato que tuvo la transmisión. Adicional a las preguntas y respuestas, típicas de transmisiones anteriores de este tipo, se agregaron preguntas entre los candidatos, derecho a réplica cada vez que fuesen mencionados en las respuestas de otro contendor y preguntas del público. Lo que le dio al programa un mayor dinamismo televisivo. O sea, un pulcro y bien armado programa de TV.
En este contexto lo que más expectación causó fueron las preguntas entre los propios candidatos. Es aquí donde se esperaban los misiles, la intención de poner en problemas a los postulantes rivales, tanto por sus respuestas como en las evasiones a la contestación directa. Los actores cumplieron con su rol, pese a los llamados, de todos, de elevar el nivel de la discusión y entrar en el plano de las ideas.
Saludos a sus respectivas esposas, hablar de sus falencias personales, mantener sus ya conocidas opiniones sobre política internacional, reforzar sus repetidas recomendaciones en torno a cómo solucionar las dificultades nacionales, unidas a las también clásicas acusaciones respecto al uso de información privilegiada, el indulto presidencial a traficantes de drogas, etc., ocuparon la mayor parte del debate. Nuevas ideas o propuestas, pocas, si las hubo. Con algo de razón, el candidato Frei, en plena transmisión calificó el contenido de parte del programa como “farandulero”. En esto, deberíamos estar de acuerdo.
Para sondear los resultados del programa, en términos de conocer el desempeño de los contendores, Canal 13 hizo una medición a través de twtpoll, aplicación de Twitter, que recogió 6.807 opiniones. Los resultados tampoco sorprenden: 32% para Frei, 31% para Piñera, 22% para Marco Enríquez, mientras Arrate recogió las preferencias del 15%. Si no exactamente, los mismos resultados globales de otros sondeos. Los primeros lugares para los candidatos de las coaliciones más relevantes de esta justa. Instala la duda respecto a si este tipo de eventos modifica las decisiones de voto preestablecidas. Pareciera que no ayudan mucho.
Como plantea Matías Carrozzi, columnista del diario “El Amaule”, en que destaca la condición de programa televisivo más que de un encuentro de opiniones divergentes: “el debate no estuvo centrado en las propuestas e ideas de los aspirantes, más bien se ajustó a la mera observación ordinaria de los candidatos a La Moneda, por lo que el director del programa estaba más pendiente en mostrar “cómo” se desenvolvían Piñera, Enríquez-Ominami, Arrate y Frei ante las preguntas del público, los entrevistadores y entre ellos mismos más que hurguetear en profundidad sobre lo “qué” contestaban”.
La relevancia del hecho tiene su contraparte en la cobertura periodística que logró. Prácticamente no se encuentran opiniones ni grandes análisis a lo que sucedió en este encuentro.
Porque si se trata de programas de TV, la transmisión del debate compitió con “El conde Vrolok” y “Los 40”. Harto mejores.
Aparte por cierto del formato que tuvo la transmisión. Adicional a las preguntas y respuestas, típicas de transmisiones anteriores de este tipo, se agregaron preguntas entre los candidatos, derecho a réplica cada vez que fuesen mencionados en las respuestas de otro contendor y preguntas del público. Lo que le dio al programa un mayor dinamismo televisivo. O sea, un pulcro y bien armado programa de TV.
En este contexto lo que más expectación causó fueron las preguntas entre los propios candidatos. Es aquí donde se esperaban los misiles, la intención de poner en problemas a los postulantes rivales, tanto por sus respuestas como en las evasiones a la contestación directa. Los actores cumplieron con su rol, pese a los llamados, de todos, de elevar el nivel de la discusión y entrar en el plano de las ideas.
Saludos a sus respectivas esposas, hablar de sus falencias personales, mantener sus ya conocidas opiniones sobre política internacional, reforzar sus repetidas recomendaciones en torno a cómo solucionar las dificultades nacionales, unidas a las también clásicas acusaciones respecto al uso de información privilegiada, el indulto presidencial a traficantes de drogas, etc., ocuparon la mayor parte del debate. Nuevas ideas o propuestas, pocas, si las hubo. Con algo de razón, el candidato Frei, en plena transmisión calificó el contenido de parte del programa como “farandulero”. En esto, deberíamos estar de acuerdo.
Para sondear los resultados del programa, en términos de conocer el desempeño de los contendores, Canal 13 hizo una medición a través de twtpoll, aplicación de Twitter, que recogió 6.807 opiniones. Los resultados tampoco sorprenden: 32% para Frei, 31% para Piñera, 22% para Marco Enríquez, mientras Arrate recogió las preferencias del 15%. Si no exactamente, los mismos resultados globales de otros sondeos. Los primeros lugares para los candidatos de las coaliciones más relevantes de esta justa. Instala la duda respecto a si este tipo de eventos modifica las decisiones de voto preestablecidas. Pareciera que no ayudan mucho.
Como plantea Matías Carrozzi, columnista del diario “El Amaule”, en que destaca la condición de programa televisivo más que de un encuentro de opiniones divergentes: “el debate no estuvo centrado en las propuestas e ideas de los aspirantes, más bien se ajustó a la mera observación ordinaria de los candidatos a La Moneda, por lo que el director del programa estaba más pendiente en mostrar “cómo” se desenvolvían Piñera, Enríquez-Ominami, Arrate y Frei ante las preguntas del público, los entrevistadores y entre ellos mismos más que hurguetear en profundidad sobre lo “qué” contestaban”.
La relevancia del hecho tiene su contraparte en la cobertura periodística que logró. Prácticamente no se encuentran opiniones ni grandes análisis a lo que sucedió en este encuentro.
Porque si se trata de programas de TV, la transmisión del debate compitió con “El conde Vrolok” y “Los 40”. Harto mejores.
domingo, 1 de noviembre de 2009
ME-O, PRESO DE LA DEMOCRACIA DEL CONSENSO
A partir de que se vislumbrara la posibilidad que tiene la candidatura de Marco Enríquez-Ominami de pasar a segunda vuelta como resultado de las próximas elecciones presidenciales en nuestro país, las candidaturas tradicionales de mayor posibilidad (Frei-Piñera) han comenzado a hablar del concepto “gobernabilidad” como la capacidad que tendría la eventual magistratura de ME-O de administrar Chile, de dar un cauce efectivo a las demandas sociales y económicas de la sociedad, de distribuir eficientemente los recursos con que cuenta.
Esto no es un tema de discusión respecto a las candidaturas de Eduardo Frei y Sebastián Piñera. Si estuviésemos en presencia de una factibilidad real de Jorge Arrate, seguramente también se levantaría a la palestra el tema de la gobernabilidad.
LA DEMOCRACIA PACTADA
La imperfecta democracia que vivimos en Chile no es fruto del azar. Cuando más podría decirse, en idioma futbolero, que “así se dieron las cosas”. La salida pactada, pacífica, de la dictadura militar se debió a un convenio de tránsito en que muchas de las solicitudes de organizaciones de DD HH, de entes sociales democráticos, hubieron de quedarse en los escritorios de los partícipes del acuerdo y no tuvieron el espacio para ser ubicadas en el contenido de este pacto.
La oposición de aquella época hubo de ceder en sus pretensiones y aceptar una serie de condiciones, bajo la presión que representaban las armas de Pinochet, que dibujaron el Chile que viviríamos desde entonces. No se eliminó la Ley de Amnistía autodecretada por la dictadura, se afianzaron las normas de mercado, se mantuvo la idea de descentralizar la educación y la salud, se atomizó la organización sindical, entre muchas otras medidas.
EL SISTEMA BINOMINAL
En el plano político se instaura el sistema binominal, cuyo eje pasa por la constitución de dos referentes políticos que garantizarían la distribución equitativa de las representaciones de las corrientes ideológicas suscriptoras del pacto, impidiendo de paso que otras expresiones tuvieran vida institucional. Ello es la base de la “política de los acuerdos”, del consenso y de las acciones “en la medida de lo posible”.
Las implicancias son que toda ley o iniciativa de modificación legal tenga, necesariamente, que contar con el acuerdo, a lo menos parcial, de los representantes de los dos actores fundamentales. En caso contrario, tal disposición no llega a transformarse en ley de la República. Amparados en esta disposición la clase política ha llegado a aprobar leyes aberrantes que sólo le favorecen a ella misma (aumentos de sueldo, acuerdos para que determinados actores participen en elecciones aunque no cumplan las disposiciones, etc).
Este es quizás el mayor de los obstáculos que deberá enfrentar un posible gobierno de Marco Enríquez. La pretensión de gobernar sin el apoyo explícito de la Concertación y/o de la Alianza se topará con el poder efectivo que tienen ambas coaliciones en el Parlamento.
Y esto, Marco lo sabe. Quizás por ello, plantea la tesis de gobernar en base a la meritocracia. “Gobernar con quienes sean los mejores, vengan de donde vengan” es la verbalización de “No me importa si son DC, PS, RN, UDI o de donde militen, si son buenos”. O sea, finalmente, no está hablando de profesionales o personas independientes sino de los mismos militantes de ambas coaliciones. Casi un “gobernemos entre todos” que avala la relevancia de las actuales organizaciones políticas. No podría gobernar sin el aval de estas estructuras.
El escenario no será simple. Si lo que pretende, asumiendo su discurso, es que la política se haga de otra manera, debería recurrir al peso específico de otro tipo de organización, de otras fuerzas sociales relevantes. De algún modo el proyecto de Participación Ciudadana que impulsó la presidenta Michelle Bachelet pretendía una nueva forma, en que a lo menos, los representantes elegidos por la sociedad pudiesen ser sacados de sus puestos si no actuaban de la manera que sus electores pretendían.
En lo práctico, para ello era necesario que los propios elegidos votaran a favor de esa disposición. Demasiada transparencia para nuestros tiempos.
Esto no es un tema de discusión respecto a las candidaturas de Eduardo Frei y Sebastián Piñera. Si estuviésemos en presencia de una factibilidad real de Jorge Arrate, seguramente también se levantaría a la palestra el tema de la gobernabilidad.
LA DEMOCRACIA PACTADA
La imperfecta democracia que vivimos en Chile no es fruto del azar. Cuando más podría decirse, en idioma futbolero, que “así se dieron las cosas”. La salida pactada, pacífica, de la dictadura militar se debió a un convenio de tránsito en que muchas de las solicitudes de organizaciones de DD HH, de entes sociales democráticos, hubieron de quedarse en los escritorios de los partícipes del acuerdo y no tuvieron el espacio para ser ubicadas en el contenido de este pacto.
La oposición de aquella época hubo de ceder en sus pretensiones y aceptar una serie de condiciones, bajo la presión que representaban las armas de Pinochet, que dibujaron el Chile que viviríamos desde entonces. No se eliminó la Ley de Amnistía autodecretada por la dictadura, se afianzaron las normas de mercado, se mantuvo la idea de descentralizar la educación y la salud, se atomizó la organización sindical, entre muchas otras medidas.
EL SISTEMA BINOMINAL
En el plano político se instaura el sistema binominal, cuyo eje pasa por la constitución de dos referentes políticos que garantizarían la distribución equitativa de las representaciones de las corrientes ideológicas suscriptoras del pacto, impidiendo de paso que otras expresiones tuvieran vida institucional. Ello es la base de la “política de los acuerdos”, del consenso y de las acciones “en la medida de lo posible”.
Las implicancias son que toda ley o iniciativa de modificación legal tenga, necesariamente, que contar con el acuerdo, a lo menos parcial, de los representantes de los dos actores fundamentales. En caso contrario, tal disposición no llega a transformarse en ley de la República. Amparados en esta disposición la clase política ha llegado a aprobar leyes aberrantes que sólo le favorecen a ella misma (aumentos de sueldo, acuerdos para que determinados actores participen en elecciones aunque no cumplan las disposiciones, etc).
Este es quizás el mayor de los obstáculos que deberá enfrentar un posible gobierno de Marco Enríquez. La pretensión de gobernar sin el apoyo explícito de la Concertación y/o de la Alianza se topará con el poder efectivo que tienen ambas coaliciones en el Parlamento.
Y esto, Marco lo sabe. Quizás por ello, plantea la tesis de gobernar en base a la meritocracia. “Gobernar con quienes sean los mejores, vengan de donde vengan” es la verbalización de “No me importa si son DC, PS, RN, UDI o de donde militen, si son buenos”. O sea, finalmente, no está hablando de profesionales o personas independientes sino de los mismos militantes de ambas coaliciones. Casi un “gobernemos entre todos” que avala la relevancia de las actuales organizaciones políticas. No podría gobernar sin el aval de estas estructuras.
El escenario no será simple. Si lo que pretende, asumiendo su discurso, es que la política se haga de otra manera, debería recurrir al peso específico de otro tipo de organización, de otras fuerzas sociales relevantes. De algún modo el proyecto de Participación Ciudadana que impulsó la presidenta Michelle Bachelet pretendía una nueva forma, en que a lo menos, los representantes elegidos por la sociedad pudiesen ser sacados de sus puestos si no actuaban de la manera que sus electores pretendían.
En lo práctico, para ello era necesario que los propios elegidos votaran a favor de esa disposición. Demasiada transparencia para nuestros tiempos.
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