Me pareció volver a escuchar al General Leigh el 11 de septiembre de aquel año y sus referencias al “cáncer marxista”.
El jueves recién pasado a las 18.00, a través de Radio Santiago su director-propietario Waldo Mora Longa realiza su comentario. Luego de referirse despectivamente a los mapuche, comenta que este tipo de movilizaciones se realiza en toda América Latina. “Baste ver al Perú, a Bolivia, a Ecuador. Lo que estamos viendo es una escalada marxista a nivel internacional”.
En algo tiene razón. A partir de 1992, 500 años después del inicio de la campaña de dominación por parte de los imperios europeos al continente americano, numerosas comunidades indígenas comenzaron a movilizarse por el fin de la discriminación, el derecho a sus demandas históricas y su patrimonio cultural y, eventualmente, por la recuperación de las tierras ancestrales hoy en poder de Estados y/o particulares.
Y no es extraño que así suceda. La historia de América Latina toda, es la historia de las “pacificaciones” que realizaron los colonizadores en contra de las comunidades aborígenes. Y sucedió en Perú, en Bolivia, en Ecuador. Por parte de la corona española. También en Brasil, por parte del reino de Portugal. En este mismo esquema de dominación y subyugación aborigen se encuentra la Polinesia, incluida la “chilena” Isla de Pascua.
UN POCO DE HISTORIA
Estimada hace 1500 años, una expedición polinésica llega a estas tierras, encabezada por el rey Hotu Matúa. Estos habitantes son los que, en recuerdo a sus antepasados construyen los conocidos moai. El siglo XVII y parte del XVIII son escenarios de guerras tribales que dan origen a nuevos sistemas de administración y de cultura más ancestral aún, el culto a las aves.
Luego de la visita en el siglo XVIII de expediciones europeas, el siglo XIX verá la llegada de embarcaciones esclavistas que consiguen raptar a cerca de 4.000 isleños que terminarían sus días, sometidos, en las minas guaneras del sur del Perú, actual Norte de Chile.
En 1888 Rapa Nui se transformó en parte de Chile, como resultado de la política expansionista, al poderío naval chileno y a la pretendida instalación de una base que controlara el comercio en el Pacífico Sur, a través de la firma de un trato entre el rey Atamu Tekena y el representante del gobierno chileno, Capitán de fragata, Policarpo Toro.
Entre fines del siglo XIX e inicios del siglo XX, la isla es arrendada a compañías criadoras de ovejas. Durante casi toda la primera mitad del siglo XX los isleños son ubicados en Hanga Roa, y se les sometió a arraigo territorial sin que pudiesen abandonar el pueblo.
La relación actual de Rapa Nui con el Estado chileno es, por decir lo menos, confusa y compleja. El cuadro lo componen las discusiones respecto a la tenencia de la tierra, el concepto de propiedad y el manejo y explotación de la isla.
El Parque Nacional Rapa Nui, administrado por CONAF, está declarado Patrimonio de la Humanidad, no así el resto de la isla. El Fundo Vaitea administrado por SASIPA, filial de CORFO, concentra las mejores tierras agrícolas. El resto, para los isleños.
No resulta extraño, entonces, que surjan las demandas territoriales de parte de los pascuenses. Y estas demandas físicas, como en el caso de los mapuche y los chiapanecas, también están teñidas del interés por recuperar su cultura en el marco de su nación de origen: la Polinesia.
No es extraño.
lunes, 24 de agosto de 2009
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