domingo, 25 de octubre de 2009

DICIEMBRE 2009: APARECEN LOS PAVOS REALES

Los resultados de los comicios presidenciales del próximo 13 de diciembre, en que corresponde elegir a quién utilizará las instalaciones de La Moneda durante los siguientes cuatro años, y excepto que sucediera algo que nadie tenga previsto, ratificarán el paso de Sebastián Piñera a segunda ronda, al llamado “ballotage”. La única duda, y no menor, es respecto a quién acompañará al candidato derechista en la nueva papeleta.

Si la estancada intención de voto hacia Eduardo Frei logra remontar en estos dos meses o continúa el ascenso de las preferencias de Marco Enríquez-Ominami, es el enigma que los electores se encargarán de resolver, en el bando concertacionista y más allá de él.

Lo que sí es claro que las candidaturas, las tres, han dado inicio por adelantado a sus campañas, más lógicas para la segunda etapa de estas elecciones. Pero nada en política, por lo menos en su forma actual, está fuera de esa singular lógica.

Se comienzan a ver, desde ya, los coloridos plumajes que puedan encantar a quienes habiendo votado por un determinado candidato, perdedor en primera vuelta, se transformarán en el sufragio más codiciado: el que incline la balanza a favor de uno de los dos contendores finales.

EDUARDO FREI (¿o más bien, el actual Gobierno?)


Para esta candidatura, en el evento del ballotage, la gran tarea será reconquistar el voto díscolo, el voto que busca cambios en la forma en que se hace política, el voto que espera menos politiquería y mayor acción hacia la solución de distintas demandas, el voto que representan Marco Enríquez y Jorge Arrate.

Esta perspectiva presume agregar al compromiso ya adquirido por ministros y figuras políticas de la Concertación y a la participación activa en la campaña de personas simbólicas como Ángela Jeria, madre de la presidenta, la “liberalización” del discurso acercándose a ponencias valóricas y de participación más cercanas a las propuestas de Enríquez y a reforzar lineamientos comunes con la izquierda extraparlamentaria, actualmente tras la candidatura de Jorge Arrate.

Será posible, entonces, volver a escuchar de la disposición a hablar de aborto, de píldora del día después, de uniones civiles, de participación ciudadana, de poner límites al neoliberalismo, de estudiar el caso de los pueblos aborígenes, etc. Siempre dispuestos a hablar y a discutir. Una posición menos beligerante que la observada en esta etapa.

MARCO ENRÍQUEZ-OMINAMI

En este caso, la conquista debería estar orientada al voto perdido por Eduardo Frei, en lo medular, y la “derecha progresista” por añadidura. Los primeros pasos pareciera que ya se dieron en el apoyo de Enríquez-Ominami a un candidato a diputado por la UDI.

El énfasis de la segunda etapa debería estar en la capacidad de gobierno que debería tener su administración, el aspecto en que presenta mayores debilidades: la “gobernabilidad” de su eventual presidencia.

Esta candidatura requiere, entonces, rodearse desde ya de figuras públicas que proyecten la capacidad técnica, profesional, capaz de enfrentar las problemáticas naturales de la administración máxima, la de un país. Y se comenzará a hablar de la “meritocracia”, un gobierno de capaces, de los más capaces que se encuentren disponibles. Independiente de sus posturas ideológicas y/o partidarias, de derecha, de centro o de izquierda. Tan europeo.

SEBASTIÁN PIÑERA

Ni Frei ni Enríquez la tienen fácil en el intento de capturar los votos que, entre ambos, se hayan “perdido” en la primera vuelta. Pero, sin embargo, tienen algo en común: son anti-piñeristas en su mayoría.

Por ello, aumentar su caudal de preferencias en segunda vuelta, pudiese ser más dificultoso aún para Piñera, más aún si su oponente fuera Eduardo Frei.

Para el evento de que Enríquez fuese el tercero del ranking, su votación, constituida, en mayor proporción por sufragios “más allá de la Concertación”, difícilmente se volcará en la propuesta de Piñera. Aunque algo caerá, es previsible que la porción mayoritaria caería, en la perspectiva MEO, en el “menos malo”, es decir, Frei. El voto anti-Piñera se vería favorecido, como lo fue al anti-Alessandri, el anti-Buchi, el anti-Lavín.

Distinto sería el caso de enfrentarse a Marco Enríquez. La escasa experiencia política de su rival, las destempladas declaraciones respecto a su condición de chileno, su confirmación de consumo de marihuana, su participación en desviación de fondos para su candidatura a diputado, hasta de prácticas de nepotismo le pueden acusar.

Porque difícilmente podrá modificar su discurso en lo sustantivo. Ya debe haber aprendido de sus propias intervenciones respecto al SERNAC financiero y a las uniones civiles, que le han costado caro en la cohesión de sus filas.

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